lunes, 24 de enero de 2011

La pila

Hola lectores

Desde la primera hora de un lunes de verano alunado y caliente, les envío “La pila” Un raye de pila caprichosa y de alta fidelidad.

Un abrazo

Pascual

LA PILA



Todas las veces que tuve la oportunidad de mirarte se encendieron mis ojos. Es una energía que proviene de una pila caprichosa que sólo ha respondido a tu mirada. Cuando te escribí la poesía, ella le puso música a las letras con el tambor de mi corazón. Debo admitir que sus caprichos enlutan mis hazañas, me retacea la fuerza si vos no estás presente. Me hace fracasar en los intentos de alivio que busco en otra mujer. Ayer, cuando tuve la oportunidad de retener tu cuerpo unos segundos, un grito de calor invadió el silencio de mis venas.

Hoy puedo todavía, retener la nostalgia de haberte puesto mi mano en la cintura con el brazo rodeándote la espalda. Pero esta pila que sólo funciona si te invoco, me arde y quema hasta en tus ausencias. Los sueños de mis noches agitan las sombras para encontrarte, inventan destellos y entre un sinuoso silencio buscan el gozo del amor bajo tus faldas. La brisa arremolina tu cabello en mi pecho estremeciéndome la piel, mientras la fiesta comienza con el primer silbido acrobático que sube al cielo y explota en mil colores. A partir de ahí, la picardía del amor entona su festín y no para hasta la madrugada.

No me importa si funciona por tus milagros o si este amor es sólo brujería, que obediente y loco llega a tiritar mis dientes. Despierta la emoción y coincidencia, dejando huellas que no se borran con la primera lluvia. Se celebra y estremece sin evadir la pasión. Es una ternura que enamora a su modo, sin pedir prestado nada a nadie, una música clandestina, un secreto compartido entre los dos.

No me hace falta un paraíso donde esté prohibido morder una manzana, porque el fruto prohibido, es el paraíso. Nuestra locura necesita el lugar de todo lo posible, donde los límites sean tan tímidos que se acerquen sólo al amanecer. Es una pila con ruido de galope desbocado que no da cuenta a su dueño y exige correr, sólo sobre la piel elegida. Se hamaca, suspira conmovida ante tanta belleza y entre tanto temor a que se acabe.

Pascual Marrazzo ©

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