miércoles, 25 de noviembre de 2009

Mafalda

Hola lectores
Desde un día gris y pesado de primavera, les envío "Mafalda" Un cuento escrito en tiempos de crisis. La primera crisis de Criminología que tuvo Cipolletti y lo que ocurría con los procedimientos de la policía y de la justicia.
Un abrazo
Pascual



MAFALDA



Mafalda se había subido al escritorio; en su mano derecha levantada, tenía una lamparita quemada y en la izquierda, a la altura de la cintura, un libro. Una de sus piernas ligeramente adelantada y flexionada, le paraba la cola dándole una figura cómica. Su pelo lacio le tapaba los ojos y de su blusa abierta asomaba un pimpollo rosado.

Hacía unos minutos que había entrado en la oficina y la observaba en silencio, el silencio de los enamorados.

Así se fueron agregando otros compañeros, hasta que alguien rompió nuestras imaginaciones.

- ¿Qué carajo estás haciendo Mafalda?

Ella siguió inmóvil, pero a su vez susurró:

- Soy la estatua de la libertad.

Si bien todos lo tomaron a risa yo presentía algo más. Tal vez mi conocimiento de su sensibilidad, ese interés que me agolpaba la sangre y esa mirada que siempre terminaba embobándome para que todos se rieran.

- ¡Dale Mafalda, dejáte de joder y bajáte que estás en mi escritorio!

- Dijo Esteban -

Entonces Mafalda dio el primer grito que inundó los silencios de las otras oficinas.

- ¡Soy la estatua de la libertad, soy la estatua de la libertad!

- Repetía con desesperación –

Era tan contundente que no nos atrevíamos a tocarla y al fin, llamado por vaya a saber quién, apareció el sicólogo del juzgado.

- ¿Qué le pasa señorita Mafalda?

- ¡Soy la estatua de la libertad!

- Si, por supuesto, ya lo sabemos señorita Mafalda.

- Usted no sabe nada, nada..

- Está bien, yo no sé nada, cuente, cuénteme usted..

- ¡La justicia se ha quedado sin luz!.. Se ha quedado sin luz..

- Bueno, eso suele ocurrir algunas veces, pero no hay que tomar las cosas a la tremenda. Que se queme una lamparita es solo un accidente .. Le queda el libro de la sabiduría.

- ¿El libro de la sabiduría? Este es el libro de los “Cuentos del Tío” ¡Es bosta!.. ¡Bostaaaa…!

- Esta bien Mafaldita, cambiemos la lamparita, el libro y listo.

- ¡Soy la estatua de la libertad! Y no me llame Mafaldita ¡No me falte el respeto! …¡No se lo falte a todos!..

- Lo hago cariñosamente.

- ¡Peor!.. No me gusta como lo escupe su boca.

- Bueno señorita Mafalda no lo tome a mal ¿Somos amigos no es cierto?

- Usted no es mi amigo ¡Es un empleado corrupto y miserable!..

- Mafalda, tengo que poner orden y no me estás ayudando para nada.

- ¡Orden!.. ¿Qué palabrita densa no? ¡Está en todos los ámbitos, en todos los rincones! Afuera, adentro de nuestros cuerpos ¡Orden! ¡Orden de ordenar hasta las emociones, las señales sin sorpresas!..

Si hasta el desorden produce una fuerza ordenada como el granizo que ordenadamente deshoja las plantas, como la lluvia que ordenadamente se acumula en las nubes, para caer ordenadamente dejando la ordenada humedad de los ordenados hongos que se nos meten hasta en el ¡Culo….!

¡Quiero orden sí! Orden de empujar la sangre, por aquí, por allá, ¡Orden de vida! Un orden que sea el anticuerpo de la muerte.

- Muy bien, vamos a poner orden de vida y luz, mucha luz ¿Qué te parece?

- ¡Luz! Si, mucha luz. Como un obsequio de la vida que se quiera distender, que se quiera liberar en el día para decirle ¡..basta! a la noche ¡Basta a la oscuridad…! Que se les prenda la lamparita a los ignorantes a la hora de votar.

- Bueno Mafalda, ya tenés la luz y el orden de la vida, bajáte, por favor.

- ¡Bajar! Falta el libro y tres luces más ¡Aquí! Han asesinado a tres niñas. Les quitaron la luz, los sueños, los hijos y los hijos de los hijos que les faltó tener..

¡Hijos de puta…..! ¡Hijos de puta….!

El recinto se había llenado de boinas negras esperando la orden de asalto (Solamente faltaba que se pintaran las caras).

Mafalda, los intuyó..

- ¡No me toquen……! ¡No me toquen….! ¡Asesinos de mujeres indefensas….! ¡Déjenme…!

Después, más apaciguada, siguió:

- Este es libro de la llamada anónima… Si no te dan pelota ni personalmente ¿A quién se le ocurrió lo de la llamada anónima? ¡Sociedad anónima, querrán decir…!

Intervino nuevamente el sicólogo.

- Mafalda, dame ese libro, que es privativo del juez.

- ¿Privativo del juez…? ¡Privativo las pelotas! Aquí no hay nada privativo ¡Aquí hay tres chicas violadas y muertas! Y los uniformes están cubiertos de mierda y los cadáveres encubiertos de uniformes.

No llores….por nosotros…Cipolletti….levántate… no llores… no llores… no llores por nosotros Cipolletti….

- Pero Mafalda, estas desgracias pasan en todo el país, nosotros no podemos arreglarlas.

- ¿Qué no podemos?.. ¿Qué no podemos? ¡Pelearemos! ¡Marcharemos! Domingo a domingo! Seguiremos marchando hasta que la sombra de nuestros zapatos enluten las calles y las veredas. Hasta que las paredes señalen con su lenguaje el camino inequívoco de la lucha. ¡Lucharemos! Sin pensar en el fin de la batalla, porque mientras estemos luchando, no estaremos vencidos.

- ¡Llevémosla!… Está loca como una cabra..

Los Boinas se arremolinaron alrededor de Mafalda y la sacaron en vilo por el pasillo.

Al otro día, la fui a ver al Sanatorio. Por suerte no había celdas y el juez tuvo consideración (No había un lugar decente en ningún lado).

Presenté el permiso y el guardia me dejó pasar, levanté la persiana y la penumbra se escapó para que la pudiera contemplar con mi corazón acelerado de amor oculto:

Estaba arrodillada, ahuecando la almohada con su cabeza en clara posición fetal. La bombacha arrollada en sus piernas mostraba su trasero desnudo.

Me miraba de soslayo y yo me sentía irrespetuoso y sin palabras, mi amor hubiera querido ser un poncho de ternura…

Entonces ella se tapó los ojos y su risa se hizo metálica seguida por un grito ahogado, casi en el susurro..:

-- Soy…. La estatua.. de … la… justicia….

Pascual Marrazzo ©

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