sábado, 2 de enero de 2010

Baltasar

Hola lectores

Desde un sábado azul de verano, les envío “Baltasar” Un cuento que juega con las fantasías y la pobreza, con la desigualdad de derecho, etc.

Un abrazo

Pascual



BALTASAR



Hoy quiero desanudar los dedos escribiendo algo prohibido, pero, por si hiciera falta, cubrirlo de permitido.

Tengo que confesar: en todas las cartas que les envié a los Reyes Magos, sólo me dirigí a Baltasar.

Hoy me avergüenza haber discriminado, tal vez innecesariamente, pero en el pesebre él era el único negro, el más afín.

Estaba en todo Baltasar: cuando le pedí el salvavidas para ir a pescar con mi papá, él me trajo uno grande de goma negra y le agregó una tabla para usar como remo. Mi mamá le acordonó la red de la bolsa de cebollas y me quedó como una embarcación. “Es que Baltasar te conoce y sabe que no tenías un bote de goma” . A mí me extrañaba el color, porque al Rulo le había traído uno largo y anaranjado con piso de lona. Pero mi mamá me dijo que si el Rey Mago era negro, los botes que él regalaba también debían ser negros y que redondos eran mejores, porque se podían llevar rodando.

Me conocía los gustos mejor que nadie. Una vez, cuando le pedí la pelota de cuero, la número cinco; él me trajo una pelota de trapo, toda cosida a mano y cubierta con medias de nylon para que no se rompiera. Mi mamá me dijo que le tenía que agradecer, que era un artesano y había gastado su tiempo en mí haciendo una pelota especial, porque sabía que yo jugaba descalzo y no tenía zapatillas. Era bueno Baltasar, era un negro bueno.

Pascual Marrazzo ©

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