jueves, 15 de diciembre de 2011

Las estrellas de Belén

Hola lectores

Desde un caluroso y azul día de primavera, les envío "Las estrellas de Belén" un cuento navideño.

Un abrazo

Pascual



LAS ESTRELLAS DE BELEN


Sorteó una serie de laberintos que, con la lluvia, más bien parecían canaletas de barro y llegó, al fin, a la calle asfaltada donde pasaban los autos. Llevaba un bolso de mano liviano y se tapaba la cabellera con una bolsa de plástico. Las contracciones se le sucedían y no tenía experiencia previa. La lluvia era persistente y el sol se apagaba oscureciendo las nubes. No había solidaridad ni taxis que le pararan, la noche buena enloquecía a la gente con compromisos materiales y ropas adecuadas. Muy pocos tomaban con seriedad el nacimiento de Cristo: los niños pensaban en las cañitas voladoras, los grandes en la paquetería, los invitados, las suegras, la cocina, el restaurante, etc.

Pero Dios quiso (siempre hay un Dios que quiere) que su compañero llegase con el carro lleno de cantoneras y viese a su joven mujer esperando bajo el plomizo cielo.

La noche se cerró y los transeúntes insultaban al pobre hombre por no tener luces unos y por existir otros. Su mujer se había hecho un hueco entre las maderas y sintió cómo el líquido tibio se le escurría entre las piernas.

Cuando llegaron a la guardia del hospital, la Navidad se insinuaba en el cielo con algunos estruendos. La sala estaba vacía, una enfermera que salía corriendo alcanzó a decir. –“Enseguida lo vamos a atender, después del brindis”.

El hombre volvió para ayudar a su mujer, sacarla de la lluvia y cargarla él mismo. Pero ella ya estaba pujando y el niño venía. El caballo resopló, rezongó un relincho de impotencia, pero siempre manteniendo la calma, como si supiera que era el único testigo.

Fue como atajar una criatura en el preciso momento en que el cielo se encendía de estrellas, muchas estrellas de Belén. La lluvia lavaba y bautizaba al niño, que con su berrinche se quejaba de llegar a este mundo y Herodes se relamía en el Ministerio.

Pascual Marrazzo ©

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